Un nuevo estudio encuentra un vínculo entre los sofocos comunes experimentados por la mayoría de las mujeres en el momento de su menopausia, y la salud vascular. El estudio sugiere que los sofocos pueden indicar un mayor riesgo de enfermedad cardíaca.

El 70% de las mujeres experimentan sofocos, y alrededor de un tercio de estas mujeres dicen que los sofocos son frecuentes o graves.

Los sofocos también son conocidos por otros nombres: flashes de calor o “hot-flashes” (relámpagos de calor), que es  un trastorno caracterizado por la repentina sensación de calor corporal y el aumento de la sudoración, muchas veces acompañados del enrojecimiento de la piel, que se asocian fundamentalmente a una menopausia declarada y a sus efectos negativos, pero no siempre es así.

Investigaciones recientes sugieren que los sofocos realmente ocurren antes de lo que se creía anteriormente. Se cree que pueden comenzar a ocurrir durante los últimos años reproductivos y no necesariamente en el período perimenopáusico. Algunos estudios también han demostrado que los sofocos pueden persistir durante más de una década.

La nueva investigación, publicada en la revista Menopausia, examina el vínculo entre los sofocos y el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV). Más específicamente, se examina la asociación entre los sofocos y la función endotelial. El endotelio es una capa de células que recubren el interior de los vasos sanguíneos.

La evaluación de la función endotelial se considera un factor clave para predecir la aterosclerosis: una forma de ECV que afecta la capacidad de los vasos sanguíneos de dilatarse y contraerse. Si no se trata, la aterosclerosis puede conducir a problemas cardiovasculares más graves, como ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares o insuficiencia cardíaca.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la enfermedad cardíaca representa 1 de cada 4 muertes anuales en los Estados Unidos. Aproximadamente 610.000 individuos de EE. UU. mueren de ECV cada año. La enfermedad cardíaca es la principal causa de muerte tanto en hombres como en mujeres.

Analizando el vínculo entre los sofocos y la salud vascular

El nuevo estudio examinó a 272 mujeres entre 40 y 60 años que reportaron tener sofocos o flashes de calor, diariamente o no. Las mujeres no fumaban y no tenían antecedentes de ECV.

Los investigadores monitorearon a las mujeres en busca de signos fisiológicos de sofocos en el cuidado ambulatorial, así como el monitoreo diario. Los participantes se sometieron a análisis de sangre y se evaluó su función endotelial realizando una medición por ultrasonido de la dilatación mediada por flujo de su arteria braquial.

La dilatación mediada por flujo (FMD) es un proceso que ayuda a las arterias a relajarse en respuesta al esfuerzo cortante, como la vasodilatación.

Las asociaciones entre los sofocos y la dilatación mediada por flujo se calcularon usando modelos de regresión lineal, y los investigadores ajustaron factores como la demografía, los factores CVD, el estradiol (una hormona sexual femenina liberada de los ovarios y las glándulas suprarrenales) y los diámetros de la luz – tamaño del interior de un órgano tubular, tal como un vaso sanguíneo).

Las mujeres de mediana edad más jóvenes con sofocos pueden estar en riesgo de ECV

Los autores no encontraron asociación entre los sofocos y la disfunción vascular en las mujeres mayores, es decir, en los participantes entre 54 y 60 años.

Sin embargo, encontraron que los sofocos se asociaron con disfunción endotelial en mujeres en el tercil más joven del estudio – o aquellas mujeres entre 40 y 53 años. Las correlaciones encontradas no dependen de otros factores de riesgo de ECV.

Esto sugiere que las mujeres más jóvenes con sofocos pueden tener una mala función vascular.

Los autores concluyen que:

“Entre las mujeres jóvenes de mediana edad, los sofocos frecuentes se asociaron con una función endotelial más pobre y pueden proporcionar información sobre el estado vascular de la mujer más allá de los factores de riesgo cardiovascular y el estradiol”.

La Dra. JoAnn Pinkerton, directora ejecutiva de la Sociedad Norteamericana de Menopausia, analiza los hallazgos:

“Los sofocos no son sólo una molestia”, dice. “Se han relacionado con la salud cardiovascular, ósea y del cerebro. En este estudio, los sofocos fisiológicamente medidos aparecen vinculados a cambios cardiovasculares que ocurren temprano durante la transición hacia la menopausia”.

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