Echarse la siesta casi todos los días podría ser algo más que un hábito: un nuevo estudio lo asocia con un mayor riesgo de demencia en personas mayores. Los autores lo consideran un posible factor de riesgo modificable, aunque no han demostrado que la siesta sea la causa. El trabajo se ha publicado en The Journals of Gerontology: Medical Sciences.
Kening Jiang, de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins, y sus colegas analizaron los datos de 995 beneficiarios de Medicare de 65 años o más del estudio NHATS, a los que se siguió hasta diez años. Los participantes indicaron con qué frecuencia dormían la siesta, cuánto duraba y si era planeada o no.
Quienes dormían la siesta con frecuencia, la mayoría de los días o todos, tuvieron un 48 % más de riesgo de desarrollar demencia que quienes casi nunca o nunca la hacían. Las siestas de 30 minutos o menos se asociaron con un 40 % más de riesgo, y las no planeadas, con un 39 % más. Esto contrasta con trabajos que muestran que las siestas ayudan a la memoria y al aprendizaje, lo que sugiere que importa quién las duerme y por qué.
Los investigadores plantean varias explicaciones, todavía sin comprobar. La siesta podría reducir las ganas de dormir por la noche y alterar el sueño nocturno, que también se vincula con la demencia. Podrían intervenir procesos inflamatorios. Y dormir más de día podría reflejar procesos neurodegenerativos que afectan a la regulación del ciclo sueño-vigilia, algo que se ha observado también en la relación entre la apnea del sueño y el alzhéimer.
Dung Trinh, internista de MemorialCare Medical Group y director médico de Healthy Brain Clinic, que no participó en el estudio, aclaró que la siesta no causa demencia, sino que los cambios en los patrones de sueño diurno podrían ser una señal temprana de alteraciones cerebrales, incluso antes de que aparezcan síntomas de memoria. Zeeshan Khan, jefe de medicina geriátrica del Jersey Shore University Medical Center, recomendó mantener horarios regulares de sueño y vigilia, recibir luz solar por la mañana, hacer actividad física, limitar la cafeína desde unas seis horas antes de acostarse, revisar los medicamentos que puedan alterar el descanso y consultar por una posible apnea del sueño o un insomnio. Señaló que una siesta corta y planeada por la tarde suele estar bien; lo que merece evaluación médica es quedarse dormido sin querer.
Como la siesta es frecuente entre los mayores, Zeeshan Khan, geriatra de Hackensack Meridian, repasó qué se puede hacer para mejorar el sueño nocturno y reducir la necesidad de dormir de día:
Para Jiang, el siguiente paso es generar evidencia más sólida sobre si la relación es causal, en particular si cambiar los hábitos de siesta podría reducir el riesgo, y entender mejor los mecanismos. Recuerda además que la demencia es multifactorial y que, según estudios previos, un 42 % de los mayores de 55 años la desarrollará.
Es una asociación, no una relación de causa y efecto, y Jiang reconoce que hace falta más evidencia para saber si cambiar los hábitos de siesta reduciría el riesgo. Los hábitos se declararon por los propios participantes, la muestra es de 995 beneficiarios de Medicare estadounidenses y los mecanismos biológicos siguen sin entenderse bien.
Fuente: Medical News Today (adaptación).
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