Investigadores de Oxford Population Health han identificado 12 proteínas en la sangre asociadas con un diagnóstico de cáncer de próstata más de 15 años después de la extracción de las muestras, y otras 7 vinculadas con formas agresivas de la enfermedad. Los autores advierten de que estas proteínas todavía no sirven como pruebas clínicas. El trabajo se ha publicado en European Urology y se presentó en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Genética Humana.
El equipo analizó muestras de sangre de 982 hombres que más tarde desarrollaron cáncer de próstata y de 1.573 hombres elegidos al azar, todos del estudio europeo EPIC. Midieron más de 6.000 proteínas y comprobaron si sus niveles se asociaban con un diagnóstico posterior, con un seguimiento de unos 16 años. Se trata de una línea de trabajo cercana a la de los análisis de sangre para detectar el cáncer.
Las proteínas implicadas participan en las respuestas inmunitarias, en la interacción entre células y tejidos y en la formación de nuevos vasos sanguíneos. Destaca la granzima K (GZMK), producida por células inmunitarias como ciertos linfocitos T y células NK, lo que sugiere que el sistema inmunitario podría intervenir en el desarrollo de la enfermedad mucho antes del diagnóstico, en un tumor que suele considerarse inmunológicamente «frío». Entre las vinculadas con la enfermedad agresiva figura ANKRD1, asociada de forma consistente con formas avanzadas y letales, y también se hallaron asociaciones con ERBB3, KRAS y NRAS, genes ya conocidos en el cáncer de próstata.
Zhe Huang, primera autora, afirma que los cambios biológicos asociados con la enfermedad, sobre todo la agresiva, podrían detectarse en sangre muchos años antes del diagnóstico clínico, y aclara que el estudio busca entender la biología y no desarrollar una prueba de predicción de riesgo. Ve una aplicación clínica como una posibilidad a largo plazo, con el reto de distinguir a los hombres con enfermedad agresiva de quienes tienen tumores de crecimiento lento. Karl Smith-Byrne, autor principal, señala que los procesos inmunitarios podrían intervenir antes de lo que se creía, pero que aún no se sabe si la GZMK es protectora, causal o un mero reflejo de otros procesos.
Las asociaciones son en general modestas y el estudio no establece causalidad. Algunos hallazgos contaron con respaldo en otros estudios poblacionales y genéticos, y otros no pudieron confirmarse. Se necesitan estudios con poblaciones más grandes y diversas y análisis específicos de predicción de riesgo. El programa PCAP, financiado por Cancer Research UK, investigará si estos hallazgos pueden mejorar la predicción o la prevención.
Fuente: Medical News Today (adaptación).
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