Aumentar poco a poco el número de pasos diarios podría ayudar a conservar la atención y el autocontrol con la edad. Es la conclusión de un estudio del Baylor College of Medicine, en Houston, publicado en Scientific Reports, que analizó durante 14 años datos de pulseras Fitbit de 3.093 participantes del programa All of Us de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, con edades de entre 18 y 93 años.

Qué midieron

Además de los pasos diarios, los investigadores revisaron la presión arterial de los participantes. Al final del periodo, en 2023, cada uno hizo una sola vez pruebas cognitivas de atención selectiva, impulsividad y autocontrol, atención visual y reconocimiento de emociones en expresiones faciales. La muestra tenía un 57 % de personas de 60 años o más y un 68 % de mujeres.

Los resultados

Quienes aumentaron su actividad en unos 1.000 pasos diarios rindieron mejor que los menos activos, sobre todo en las pruebas de atención y de autocontrol. Además, cada punto más de presión arterial sistólica se asoció con peores puntuaciones en impulsividad y autocontrol. Una mayor actividad física se relacionó con una presión sistólica más baja, y ambos factores se vincularon, de forma independiente, con mejores resultados. Sobre cómo controlar la tensión sin fármacos, puede verse cómo el ejercicio puede ser tan efectivo como los medicamentos para bajar la presión arterial.

Por qué podría ayudar al cerebro

La neuropsicóloga Shannel Elhelou, que no participó en el estudio, explicó que la actividad física sostenida puede beneficiar al cerebro por varias vías: mantiene la salud cardiovascular, ayuda a controlar la hipertensión y la diabetes, favorece la neuroplasticidad a través de factores de crecimiento como el BDNF, con posibles beneficios en el hipocampo, y mejora el ánimo y el sueño. Como referencia general, recomendó al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, ejercicios de fuerza dos veces por semana y ejercicios de equilibrio en los mayores. Para quienes tienen movilidad reducida, sugirió alternativas como el ejercicio sentado, las bandas de resistencia o el ejercicio en el agua. Un ejemplo de los beneficios del movimiento regular se ve en el párkinson, donde 2,5 horas de ejercicio semanal mejoran la movilidad y la calidad de vida.

Cómo mantenerse activo

Los expertos recomiendan elegir actividades que resulten agradables y sostenibles, como caminar a buen paso, nadar, bailar o ir en bicicleta, y aprovechar su componente social. Empezar poco a poco es válido: cualquier actividad es mejor que ninguna.

Para quienes tienen movilidad reducida hay alternativas, como los ejercicios aeróbicos sentados, el pedalier, las bandas elásticas, las pesas ligeras, la actividad en silla de ruedas o el ejercicio en el agua, idealmente con el consejo de un fisioterapeuta. Cuidar la audición y la vista, controlar los factores de riesgo vascular, dormir bien, mantener una dieta saludable y conservar las relaciones sociales completan el cuadro.

Limitaciones

Los efectos observados fueron pequeños y el estudio no permite establecer causalidad: no se sabe si la mayor actividad física y el mejor control de la presión provocaron directamente el mejor rendimiento. La muestra además estaba sesgada hacia mujeres, personas blancas, nacidas en Estados Unidos y con seguro médico. Los propios autores advierten de que se trata de una asociación prometedora y de que la salud cerebral depende también del sueño, la atención médica y la vida social.

Fuente: Medical News Today (adaptación).

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