Por primera vez, cuatro sociedades médicas estadounidenses han publicado un marco conjunto y una guía clínica sobre el riesgo cardiovascular en niñas y mujeres: la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA), la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP), el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) y la Sociedad de Medicina Maternofetal (SMFM). Los tres documentos, publicados el 26 de octubre en la revista Circulation, plantean que la salud del corazón se construye a lo largo de toda la vida y que cada cambio hormonal es una oportunidad de prevención.
El primero es un documento de asesoramiento que describe el marco de atención por etapas de la vida femenina. El segundo es una declaración científica con recomendaciones clínicas para prevenir la enfermedad cardiovascular en mujeres y niñas. El tercero identifica en qué lugares de Estados Unidos existen centros de excelencia en atención cardiovascular femenina y propone una infraestructura actualizada.
El marco distingue hasta cinco etapas: la perimenarquia (primera menstruación, aproximadamente entre los 8 y los 15 años), los ciclos ováricos (entre los 15 y los 44 años), la perimenopausia (entre los 45 y los 51), la posmenopausia (a partir de los 51) y el embarazo, que puede darse en distintas edades.
Entre sus mensajes clave, la guía recomienda incluir en la evaluación cardiovascular los antecedentes menstruales, obstétricos y de la transición a la menopausia. Los sangrados abundantes o irregulares pueden ser una señal temprana de riesgo, por ejemplo en el síndrome de ovario poliquístico. Los sofocos afectan a entre el 50 % y el 80 % de las mujeres en la perimenopausia y, en alrededor de un tercio de ellas, son frecuentes, graves o persistentes, lo que se asocia a un mayor riesgo cardiovascular. La posmenopausia se vincula con más infartos, insuficiencia cardiaca e ictus que podrían prevenirse. Además, factores como la ansiedad, la depresión y los trastornos de la conducta alimentaria pueden aumentar el riesgo, y el embarazo puede revelar riesgos ocultos, por lo que se recomienda evaluar antes, durante y después de la gestación, con atención específica en el posparto.
El marco insiste en que la información sobre salud hormonal puede usarse para personalizar los cribados, y señala que el colesterol cambia durante la perimenopausia, una etapa que hasta ahora recibía poca atención desde el punto de vista cardiovascular. También subraya la importancia de que la historia de cada mujer no se pierda por el camino: antecedentes como la preeclampsia o las alteraciones menstruales y metabólicas en la adolescencia deberían acompañarla cuando pasa de un especialista a otro.
Los autores proponen además centros de salud cardiovascular de la mujer que reúnan equipos interdisciplinares y que combinen asistencia, educación, investigación y alianzas con la comunidad.
Nissi Suppogu, directora médica del Women’s Heart Center de MemorialCare en Long Beach, señaló que la atención a las mujeres suele estar fragmentada, con la salud reproductiva, hormonal y cardiovascular tratadas por separado, y que el nuevo enfoque de ciclo de vida completo es lo que lo distingue de guías anteriores. Anuradha Lala-Trindade, cardióloga del Mount Sinai Fuster Heart Hospital, destacó que la perimenopausia es un buen momento para reevaluar el riesgo y que antecedentes como la preeclampsia deben seguir siendo relevantes mucho después del posparto. Ninguna de las dos participó en la redacción de los documentos.
Ambas coincidieron en que el reto está en llevar la guía a la práctica: definir quién hace el seguimiento, cómo se comparte la información entre especialidades y qué tiempo y recursos tienen los médicos. Lala-Trindade propuso medir el éxito con resultados que importan a las mujeres, como la función física, la carga de síntomas y la calidad de vida, y Suppogu pidió estudiar cómo varían estos riesgos en poblaciones diversas.
Fuente: Medical News Today (adaptación).
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