Una proteína clave para el tacto, el dolor y el picor, nueva diana para fármacos

Un roce suave, una superficie caliente y un picor molesto activan vías sensoriales distintas, pero un equipo de investigadores ha determinado que, en ratones, estas respuestas tan diferentes comparten un mismo colaborador molecular. Un equipo dirigido por Bailong Xiao, de la Universidad de Tsinghua, descubrió que eliminar la proteína CRELD1 debilitaba las reacciones de los animales al tacto, al calor, al frío, a la presión dolorosa y al picor. ¿Cómo puede una sola proteína influir en tantas sensaciones?

El artículo del equipo, publicado en Nature Neuroscience, muestra que CRELD1 es un regulador amplio de las respuestas sensoriales: favorece la actividad de los canales de sodio que ayudan a las neuronas a generar los impulsos eléctricos que transmiten la información una vez detectado un estímulo.

Un gen que destacó entre los demás

Para identificar los genes implicados en la sensación, los investigadores utilizaron CRISPR para desactivar genes seleccionados en ratones recién nacidos y después evaluaron a los animales a medida que crecían. Tras validar su método con genes de funciones sensoriales ya establecidas, el equipo examinó 20 candidatos. Uno de ellos, Creld1, destacó por la amplitud de sus efectos.

Los ratones con el gen alterado retiraban menos la pata cuando se les tocaba con filamentos finos o con un pincel suave. También respondían con menos intensidad a la estimulación mecánica dolorosa y tardaban más en reaccionar ante superficies calientes y frías.

Para asegurarse de que estos cambios procedían de las neuronas sensoriales, los investigadores emplearon un segundo método genético para eliminar Creld1 específicamente en las neuronas agrupadas junto a la médula espinal. Los ratones mostraron déficits similares. Además, apenas se rascaban tras las inyecciones de histamina, una sustancia que provoca picor, y se rascaban menos en respuesta a otras sustancias que lo inducen.

El peso corporal, el movimiento y la coordinación de los ratones se mantuvieron normales en las pruebas, por lo que una incapacidad general para moverse no podía explicar fácilmente sus respuestas atenuadas. El siguiente paso fue averiguar en qué punto fallaba el proceso sensorial.

Detectar un estímulo es solo el principio

La maquinaria que detecta inicialmente el tacto, la temperatura y las sustancias químicas irritantes parecía funcionar. Las neuronas sensoriales sin la proteína CRELD1 seguían mostrando respuestas comparables a las de las neuronas sin modificar al exponerlas a esos estímulos. Pero detectar algo y enviar una señal eléctrica intensa son tareas distintas.

Para generar impulsos eléctricos, las neuronas dependen de los canales de sodio, proteínas que permiten que los iones de sodio, con carga eléctrica, atraviesen la membrana celular. Los investigadores comprobaron que la proteína CRELD1 se une a varios de estos canales y potencia su actividad.

Sin CRELD1, las corrientes de sodio se debilitaban. Las neuronas necesitaban una estimulación más fuerte para activarse y producían menos impulsos eléctricos. Aumentar la producción de CRELD1 tuvo el efecto contrario: reforzó las corrientes de sodio e hizo que los ratones fueran más sensibles al tacto, al calor y al frío. En conjunto, los experimentos explican cómo CRELD1 puede influir en varios sentidos sin ser el receptor específico que detecta un estímulo concreto.

¿Una nueva diana para fármacos?

Los autores sugieren que el punto de contacto entre CRELD1 y los canales de sodio «podría ofrecer una diana de precisión para el desarrollo de fármacos». Sin embargo, los resultados en ratones no establecen un tratamiento, y la proteína humana presenta una complicación: se probaron dos versiones humanas de la proteína en células cultivadas, pero una potenció la actividad de un canal de sodio y la otra no. Los investigadores aún deben determinar qué versiones predominan en las neuronas sensoriales humanas.

Por ello, cualquier intento de aprovechar este hallazgo para desarrollar un tratamiento contra el dolor o el picor requeriría establecer cómo funciona el mecanismo en las personas y si es posible reducir las sensaciones indeseadas sin atenuar las señales cotidianas que ayudan a proteger el cuerpo.

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Fuente: Medical Xpress, por Andrew Zinin (editado por Lisa Lock, revisado por Robert Egan). Estudio publicado en Nature Neuroscience (2026), DOI: 10.1038/s41593-026-02484-w.

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