El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) sigue asociándose en el imaginario colectivo a un niño inquieto que no para en clase. Ese retrato tan limitado deja fuera a muchísimas mujeres, que llegan al diagnóstico mucho más tarde que los hombres o reciben antes otras etiquetas. Un episodio del pódcast de Medical News Today reúne a la periodista Maria Cohut, diagnosticada de TDAH ya de adulta, y a la doctora Davida Hartman, especialista en TDAH y autismo en niños y adultos, para analizar por qué ocurre.
Según se recoge en la conversación, las mujeres con TDAH reciben su diagnóstico de media unos cinco años después que sus homólogos masculinos, y con frecuencia se las diagnostica erróneamente de otros problemas, como la ansiedad. Hartman lo atribuye a varios factores: unos criterios diagnósticos construidos en torno a un modelo estrecho del trastorno, una educación que empuja a las mujeres a ser complacientes y una desconfianza más amplia hacia lo que ellas cuentan sobre su propia experiencia.
La especialista sostiene que el TDAH no se manifiesta de forma distinta según el sexo, sino que la expectativa del «chico típico» hace que los síntomas de ellas pasen desapercibidos.
Muchas mujeres aprenden desde pequeñas a enmascarar sus rasgos para encajar. Esa estrategia, mantenida durante años, puede generar estrés, vergüenza y un desgaste de la salud mental que se acumula con el tiempo. Hartman señala además que, según una investigación todavía incipiente y limitada, el TDAH podría asociarse con síntomas más tempranos o intensos en la perimenopausia, una etapa en la que los cambios hormonales dificultan seguir enmascarando.
La evaluación exige indicios de que los rasgos estaban presentes antes de los 12 años, aunque algunos profesionales aceptan la identificación por parte de la propia persona cuando no se conservan registros de la infancia. Las largas listas de espera y el desconocimiento entre los profesionales siguen siendo grandes obstáculos.
Hartman propone, además, entender el TDAH como una atención variable, con fortalezas como la capacidad de concentrarse en lo que interesa o la creatividad, y no solo como un déficit. Como apoyos, destaca la aceptación del entorno, reducir la autoculpa y que las mujeres no asuman todas las expectativas sociales y familiares. Sobre la medicación, recuerda que la respuesta es muy individual: hay quien se beneficia de los estimulantes y quien no.
Fuente: Medical News Today (adaptación).
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