Los investigadores han demostrado la importancia de dormir de buena calidad una y otra vez, demostrando que una buena noche de descanso puede contribuir a muchos aspectos del bienestar físico y mental. Un nuevo estudio ha explicado cómo el sueño contribuye al buen funcionamiento del sistema inmunológico.

Una nueva investigación muestra cómo el sueño aumenta el funcionamiento de las células inmunitarias.

Dormir de buena calidad lo suficiente cada noche es esencial si queremos mantenernos saludables y funcionar bien durante todo el día.

Los estudios han demostrado que estar privado de sueño es como beber en exceso cuando se trata de sus efectos en el cerebro.

Investigaciones recientes también sugieren que dormir mal aumenta la sensibilidad al dolor y puede aumentar la probabilidad de desarrollar problemas cardiovasculares.

Ahora, un estudio realizado recientemente por un equipo de la Universidad de Tübingen en Alemania ha encontrado un mecanismo que vincula el sueño con el funcionamiento del sistema inmunológico.

Los investigadores que lideraron este estudio encontraron que una buena noche de sueño puede aumentar la efectividad de ciertas células inmunitarias especializadas llamadas células T.

En el documento de estudio, que aparece ahora en el Journal of Experimental Medicine, los científicos explican en qué se basa el núcleo de esta relación entre el sueño y las defensas del cuerpo contra las infecciones.

El mecanismo que altera las células T.

Las células T contribuyen a la respuesta inmune del cuerpo cuando un cuerpo extraño potencialmente dañino ingresa al sistema.

Estas células inmunitarias reconocen patógenos y luego activan las integrinas, que son un tipo de proteína que permite que las células T se adhieran a sus objetivos y las ataquen.

Los investigadores señalan que se sabe poco acerca de cómo las células T activan las integrinas, así como qué puede evitar que estas células se adhieran a objetivos potencialmente comprometidos.

Para obtener más información sobre estos mecanismos, el equipo se centró en los agonistas del receptor acoplado alfa Gs (agonistas del receptor acoplado al gas). Estas son moléculas de señalización, muchas de las cuales tienen la capacidad de bloquear la acción del sistema inmunológico.

A través de análisis de laboratorio, encontraron algunos agonistas de receptores acoplados a gas que impidieron que las células T activaran las integrinas, lo que les impedía adherirse a sus objetivos.

Los agonistas del receptor que encontraron incluyeron dos hormonas (llamadas adrenalina y noradrenalina), dos moléculas proinflamatorias (llamadas prostaglandinas E2 y D2) y adenosina (que es un químico que desempeña un papel clave en la señalización celular y la transferencia de energía).

“Los niveles de estas moléculas necesarios para inhibir la activación de la integrina”, dice el coautor del estudio Stoyan Dimitrov, “se observan en muchas afecciones patológicas, como el crecimiento de tumores, la infección de la malaria, la hipoxia y el estrés”.

Continúa: “Por lo tanto, esta vía puede contribuir a la supresión inmunológica asociada con estas patologías”.

‘El sueño podría mejorar las respuestas de las células T’

Dado que los niveles de adrenalina y prostaglandina tienden a disminuir durante el sueño, los científicos decidieron ir un paso más allá y estudiar este fenómeno con mayor detalle en participantes humanos.

Tomaron células T de algunos voluntarios que dormían y otros que permanecían despiertos. Después de analizar estas muestras, Dimitrov y el equipo vieron que las células T de las personas dormidas tenían niveles más altos de activación de integrina en comparación con las mismas células que se tomaron de las personas en estado de vigilia.

Por lo tanto, los autores señalan que esto indica que el sueño tiene un impacto positivo en el funcionamiento correcto de las células T como parte de la respuesta inmunitaria del cuerpo, y esto es gracias al hecho de que los agonistas del receptor acoplado a gas son menos activos en este momento.

“Nuestros hallazgos muestran que el sueño tiene el potencial de mejorar la eficiencia de las respuestas de las células T, lo cual es especialmente relevante en vista de la alta prevalencia de trastornos y condiciones del sueño caracterizadas por trastornos del sueño, como depresión, estrés crónico, envejecimiento y trabajo por turnos. . ” – La coautora del estudio Luciana Besedovsky

En el futuro, los autores esperan que sus resultados puedan conducir al desarrollo de nuevas terapias que mejoren la función de las células T, que tendrían numerosas aplicaciones, incluida la inmunoterapia contra el cáncer.

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