Un nuevo estudio sugiere que las personas con intolerancia genética a la lactosa deben aumentar su ingesta de alimentos no lácteos ricos en vitamina D, después de encontrar que son más propensos a tener bajos niveles de los nutrientes esenciales.

El coautor del estudio Ahmed El-Sohemy, profesor de nutrición en la Facultad de Medicina de la Universidad de Toronto en Canadá, y sus colegas, recientemente informaron de sus hallazgos en el Journal of Nutrition.

La intolerancia a la lactosa se define como la incapacidad del cuerpo para digerir eficazmente la lactosa, un azúcar que se encuentra en los productos lácteos, incluyendo leche, mantequilla y queso.

La afección ocurre cuando el intestino delgado no produce cantidades suficientes de lactasa, que es la enzima que descompone la lactosa.

Si una persona con intolerancia a la lactosa consume productos lácteos, puede sufrir hinchazón, flatulencia, diarrea, náuseas y dolor abdominal. Estos síntomas suelen aparecer alrededor de 30 minutos a 2 horas después del consumo de lactosa.

No está claro cuántas personas están viviendo con intolerancia a la lactosa, pero las estimaciones sugieren que alrededor del 65% de la población experimenta una capacidad reducida para digerir la lactosa después de la infancia.

Una causa de intolerancia a la lactosa son las mutaciones en el gen LCT, que es el gen responsable de la producción de lactasa.

Las personas con intolerancia a la lactosa deben ser conscientes de la ingesta de vitamina D

A partir de un análisis de 1.495 hombres y mujeres que formaban parte del Estudio Nutrigenómico y de Salud de Toronto, El-Sohemy y sus colegas, encontraron que las personas que poseían mutaciones de genes LCT tenían una menor ingesta de productos lácteos en comparación con la población general.

Los individuos con mutaciones del gen de LCT también tenían niveles sanguíneos más bajos de la vitamina D, que el equipo dice es probable debido a la consumición reducida de productos lácteos, puesto que éstos se fortifican a menudo con la vitamina D.

“No nos sorprendió que la gente intolerante a la lactosa comiera menos productos lácteos”, dice El-Sohemy, “pero nos sorprendió que no compensaran el suplemento o la ingestión de otros alimentos fortificados con este nutriente crucial”.

La vitamina D se considera esencial para la absorción de calcio en el intestino, lo cual es importante para una buena salud ósea. La vitamina también ayuda a la función nerviosa y ayuda al cuerpo a evitar las bacterias y los virus.

Curiosamente, los investigadores encontraron que las personas con mutaciones genéticas en el gen LCT tenían menor estatura que los individuos en la población general, lo que indica que la ingesta reducida de vitamina D a través de la falta de consumo de productos lácteos puede ser inhibidor del crecimiento óseo.

El-Sohemy y sus colegas dicen que sus hallazgos sugieren que las personas con intolerancia a la lactosa deben considerar aumentar su ingesta de vitamina D a través de fuentes de alimentos no lácteos.

“Estos hallazgos hablan de la necesidad de una mayor conciencia para aquellos que limitan los productos lácteos debido a la intolerancia a la lactosa. Tienen que ser conscientes de obtener suficiente vitamina D de otros alimentos fortificados como ciertas marcas de jugo de naranja, o considerar el intentar productos lácteos sin lactosa”, explicó Ahmed El-Sohemy.

Otro hallazgo del estudio fue que los individuos con sólo una copia mutada del gen LCT demostraron una intolerancia a la lactosa, pero en menor grado que aquellos con dos copias mutadas. Se pensó previamente que se necesitaban dos copias mutadas del gen para que ocurriera la intolerancia a la lactosa.

Según los investigadores, este hallazgo indica que las definiciones clínicas y las clasificaciones genéticas para la intolerancia a la lactosa pueden necesitar ser revisadas.

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